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Esto implica que los Estados y otros actores reconozcan la importancia
de organizaciones civiles fuertes para el ejercicio pleno de la
democracia y los derechos humanos. Cuando un Estado se niega
a permitir el espacio para la existencia de estas organizaciones y
criminaliza su existencia se convierte en un Estado autoritario. Un
Estado democrático tiene sociedad civil fuerte y organizada porque
las considera sus interlocutoras y correlatantes permanentes. Por ello,
la rendición de cuentas y la transparencia son un punto vital para que
los Estados y la sociedad en su conjunto entiendan la importancia y
necesidad de su existencia.
Retos muy simples pero que son determinantes en este ámbito de
la cooperación son los siguientes: se sabrá cuánto dinero maneja la
organización y tal vez algunos financiadores consideren financiar
más bien a otras organizaciones; a su vez otras organizaciones sabrán
quiénes son mis cooperantes y competirán por los mismos recursos.
Pero no solamente desde este temor es que los desafíos se complican.
La cooperación internacional en su propia angustia por sobrevivir
pone una carga inmensa en las OSC del sur. Los requerimientos en
planeación, informes, formatos no se compadecen ni con los recursos
ni con los tiempos, Así, las OSC pasan mucho tiempo en un ejercicio
administrativo que muchas veces las supera con creces pues no cuentan
con los recursos necesarios para ello, con un número cada vez menor
de funcionarios y con condiciones laborales flexibilizadas que están
lejos de permitir un ejercicio fácil en la rendición de cuentas.
Por lo tanto, ¿un ejercicio que se daba principalmente a través de la
cooperación, con la ausencia de esta y de los recursos para fortalecer
estas organizaciones queda en manos de los Estados? ¿Deben estos,
entonces, habilitar las condiciones adecuadas para su existencia,
permitiendo autonomía y no cooptándolas para su beneficio político