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Según Gil, parte de lo que las ONG proponían a la sociedad ha sido
incorporado por la institucionalidad pública, particularmente en
temas de derechos humanos, jóvenes, género, igualdad y democracia
local. Las complejidades actuales de la contratación –como convenios
de asociación– implican contrapartidas muy difíciles de cumplir
para las ONG y parecieran imponerse un enfoque y unos criterios
tecnocráticos y simplistas que califican las propuestas de las ONG
por bajos costos sin preguntarse por la calidad y la pertinencia de las
mismas. Se impone un indicador de creciente desempeño financiero
en los últimos años y en la ejecución de proyectos y programas; así
mismo, cobran inusitada importancia los protagonismos, los tamaños
y ubicaciones de los logos, las marcas, los nombres de las entidades,
los “operadores”, los apoyos, los patrocinios. Y como si fuera poco,
en este nuevo escenario adverso para las organizaciones sociales, las
ONG tienen nuevos “competidores” frente a los recursos públicos
en manos del Estado: el Sistema Nacional de Naciones Unidas,
fundaciones empresariales, organizaciones de consultores sociales,
universidades.
Los retos de las OSC
Para Gil, los retos centrales para la acción y la sostenibilidad de las OSC son:
•
la movilización de la sociedad en torno a que la premisa de que las
OSC son un bien público que hay que preservar;
•
la acción institucional de fortalecimiento de las OSC sobre la base del
respeto a la autonomía y la transparencia, y
•
la transformación de las ONG en la renovación de sus agendas,
la calidad de sus acciones, la rendición pública de cuentas y la
flexibilización y dinamización de sus modelos de gestión.
En la ejecución
de proyectos
y programas
cobran inusitada
importancia los
protagonismos,
los tamaños
y ubicaciones
de los logos,
las marcas, los
nombres de las
entidades