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acción comunicativa es mucho más que tener un comunicador, es
saber que en todo generamos mensajes”.
Sin embargo, las OSC afrontan limitaciones en su capacidad de
agencia porque tienen muy poca agregación de intereses, muy
pocas organizaciones de segundo grado, lo cual es una gran
debilidad. La capacidad de agencia también está limitada por la
escasez de financiación, por lo cual vale la pena asumir la discusión
sobre el financiamiento público para la acción de las organizaciones
sociales: “El capital social de un territorio es un bien público”.
La legitimidad
Finalmente, Fernández expresa que a las OSC y las ONG,
como actoras sociales, las debe caracterizar la legitimidad, una
legitimidad que no es un bien dado, que no está ganada, ni es
inaccesible, sino que se construye y se destruye. Explica que el
mundo contemporáneo se caracteriza en términos culturales por
la impugnación de toda legitimidad, lo que incluye la legitimidad
de las OSC: son impugnadas desde el Estado, desde las mismas
organizaciones de base y desde la lógica de los mercados sociales.
Por esto, la legitimidad hay que construirla cada día desde
diversas fuentes posibles y complementarias: la representatividad
de la OSC (numérica y porcentual); la singularidad de la
representación y la causa que la mueve, en la cual se juega
la hondura de la democracia; y/o la dimensión del interés
público asociado a su gestión. Pero, sobre todo, relaciona la
legitimidad con el valor de la transparencia, al que califica como
una obligación de las OSC y las ONG: sin transparencia, no hay
legitimidad y, por tanto, tampoco hay capacidad de incidir en el
desarrollo local ni en la integración regional.