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de desarrollo; que no generen vulnerabilidad política, financiera e
institucional; que no sean restrictivas e impacten sobre el espacio
democrático y legal de las ONG.
La transparencia y la rendición de cuentas, individual y colectiva, tiene
el reto de ir más allá de las obligaciones normativas. En ese sentido, las
ONG estamos comprometidas con la práctica de principios y estándares
que demuestran el cumplimiento de nuestra responsabilidad ante los
múltiples actores con quienes tenemos relación y por ello enfrentamos
varios desafíos. Entre ellos:
•
Reafirmar nuestro rol en el nuevo contexto nacional y global
•
Dar respuestas proactivas creativas a cuestionamientos a nuestra
legitimidad
•
Enfrentar los recortes al financiamiento
•
Demostrar nuestra efectividad
•
Establecer niveles de diálogo político con actores del desarrollo
(gobierno, cooperación internacional, organizaciones sociales).
En términos de lecciones aprendidas, afirma Eróstegui que “tenemos que
ser coherentes con nuestros propios discursos, la rendición de cuentas es
un medio también de construcción de una sociedad justa y equitativa,
la legitimidad se relaciona con transparencia y cómo hacemos nuestro
trabajo de construcción colectiva de propuestas de desarrollo alternativa;
tenemos que repensarnos frente a la crisis, preguntarnos para qué
queremos ser transparentes, repensar en los entornos favorables y temas
claves, que los gobiernos respeten nuestra libertad de asociación y abran
espacios para el diálogo político”.
Las Organizaciones no Gubernamentales son esenciales para la vida
democrática de los países y trabajan desde una perspectiva de derechos
humanos, para promover un cambio sostenible que aborda las causas
estructurales así como los síntomas de la pobreza y la desigualdad.
“Ser
transparentes
es invertir en
nuestro futuro
para aportar en
la construcción
de una sociedad
con ética y
responsabilidad
social y política”