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Sin embargo, antes de avanzar, debemos realizar algunas
precisiones de orden metodológico, que tienen que ver con la
comparación y su pertinencia en cada caso, pues somos una
región, pero una región muy desigual, tanto entre estados como
dentro de cada estado. Este aspecto es denominado “asimetrías”
en el proceso del Mercosur y su abordaje y mitigación es
fundamental para consolidar la integración. De la misma forma,
se deben tener en cuenta los desafíos regionales a la razón de la
dinámica de intercambio político entre las diferentes sociedades
civiles, las características institucionales de sus estados, sus
propias praxis y la historia de los procesos de integración.
Es bien sabido que la disposición y la facilidad de la participación
de la sociedad civil en la toma de decisiones dependerán de la
estructura institucional de los estados-nación y su cultura política.
Hay países donde el peso político de la sociedad civil es tan
grande que es capaz de incidir en la clase política para la toma de
decisiones, hay otros países donde las OSC se encuentran cooptadas
e incluso algunos donde el propio concepto de “sociedad civil” es
cuestionado.
Las temáticas comunes de las OSC y las ONG, como la
anticorrupción, la transparencia, el acceso a la información,
la rendición de cuentas o la participación e incidencia en las
políticas públicas, son compatibles como instrumentos de diálogo
y convergencia respecto a los procesos de integración regional. Es
necesario que sepamos y participemos en la toma de decisiones
que involucran a nuestras sociedades y que estructurarán un marco
internacional basado en bloques regionales. ¿Sabemos a cabalidad
los planteamientos de nuestros ejecutivos en estos procesos? Muchas
de las reuniones donde se discuten estos temas no son públicas,
como la realizada en el mes de noviembre por Unasur.